El ayuno, recomendable pero siempre con precaución.

En ocasiones debemos echar pie en tierra, observarnos a nosotros mismos y certificar que, efectivamente, somos organismos vivos, máquinas naturales que de vez en cuando requieren de ciertas pautas y comportamientos para que funcionemos como relojes y de forma saludable.

Terminan las vacaciones, las horas de los excesos y la vida desorganizada tienen los minutos contados, el retorno a la vida cotidiana y laboral nos conduce a unos comportamientos más organizados, con unas pautas regulares para afrontar con éxito los retos de nuestra vida diaria.

Y para ello nuestro organismo precisa de una especie de puesta a punto para cuidar la salud, tanto emocional como físicamente. En el fondo, aunque salvando las distancias, nos asemejamos a los automóviles, que para garantizar su eficiencia y buen funcionamiento requieren pasar por el taller para una puesta a punto y revisar niveles. Si los automóviles requieren de un cambio de aceite y filtro al menos una vez al año para mantener limpio el motor, evitar el sobrecalentamiento, la corrosión y eliminar impurezas lo mismo ocurre con nuestro organismo.

Aunque no necesariamente hay que pasar por el “taller sanitario”, basta con seguir algunas recomendaciones que nos pueden venir de maravilla para nuestro engranaje; eso sí, bajo el asesoramiento de algún experto o profesional. ¿Y cuál es esa puesta a punto? Pues se trata de aplicarnos un remedio que tiene ya varios siglos de existencia con el fin de depurarnos y descongestionarnos: el ayuno. Se trata de una medida naturista que tiene por objeto dejar como una patena nuestro organismo y las células, además de llevarnos a una sensación de bienestar que lo agradeceremos aunque tengamos que hacer previamente sacrificios momentáneos.

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Zumo-de-naranjaHay otras ventajas como la descongestión cardiovascular, mejorar la circulación sanguínea; la antes citada limpieza orgánica y activación de los emuntorios. ¿Qué son los emuntorios? Pues son todos los órganos y tejidos que se encargan de filtrar y expulsar al exterior todo lo que pueda ser tóxico para la vida de las células. Cabe destacar el hígado, la piel, los riñones, los intestinos ¡acordaos de la flora intestinal y los probióticos! y los pulmones, encargados de eliminar monóxido de carbono.

Por supuesto con el ayuno mejoramos nuestro sistema inmunitario, eliminamos agua, sales minerales e incluso ¡bajamos peso! aunque sea transitoriamente. Claro, la cuestión es cómo realizar adecuadamente el ayuno. Hay que tener en cuenta que no a todas las personas les conviene el mismo tipo de ayuno, incluso no hace falta ser tan estricto y en algunos casos bastaría con realizar ayunos parciales.

No hay que olvidar que el ayuno total consistiría básicamente en no tomar nada durante unas horas o un día de forma intermitente, dos veces a la semana por ejemplo, en la que sólo se bebería tisanas, infusiones y agua. Sin embargo en los ayunos parciales podríamos optar por algunas frutas, sopas, caldos y zumos. En definitiva, hay varias opciones y grados de ayuno, pero siempre os aconsejo dejaros llevar por una persona experta en estas lides que os controle porque cada organismo es un mundo.

Y es que en principio lo que es beneficioso para nuestra salud puede ser perjudicial a la postre si no seguimos pautas dictaminadas por un profesional, pero qué duda cabe que ayunar de vez en cuando tiene consecuencias muy beneficiosas para nuestro organismo. Por último advertiros que con el ayuno lógicamente se pierde peso pero no debe interpretarse como una forma de ponernos a dieta pues no es su finalidad sino depurar nuestro organismo. Para la pérdida de peso, como sabéis, existen multitud de métodos, remedios, conductas y dietas… pero esa es otra historia.

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